martes, 3 de enero de 2012

De pequeña no tenía que pensar...

Después de tragarme una película pésima que resulta que ya había visto, pero no me he dado cuenta hasta casi el final... he decidido subirme a hacer trabajos como buena estudiante responsable y ligeramente agobiada, pero hoy no me centro. Será por lo mal que he dormido, por las pesadillas, por pensar demasiado o porque simplemente en vacaciones no me apetece hacer nada.
Hoy he estado de madraza con mi nuevo primito y he estado pensando... ¿cómo podemos pasar de ser inofensivos y adorables a ser cabezones, orgullosos, crueles, cobardes o imbéciles en general?
Le tenía ahí en mis brazos y ha sonreído. Simple. Él ha sonreído y un resorte automático ha saltado haciéndome sonreír a mí. Le balanceaba, bailaba con él, cantaba canciones de series que veía de pequeña y él seguía sonriendo y mirándome con sus ojitos azules.
Cambiamos tan rápido, no tenemos casi tiempo, disfrutamos tan poco y queremos tanto que una hora parece un minuto y un día se pasa volando.
Una mañana estás llorando porque tienes hambre, porque tienes frío o calor, porque no has dormido la siesta... porque Marco no encuentra a su madre, porque muere Mufasa... porque el colegio es cada día más difícil, porque los niños son crueles... porque nadie te entiende, porque te han roto el corazón, porque quieres más de lo que puedes conseguir, porque cada vez es más complicada la vida... porque tienes que terminar la carrera, encontrar trabajo y porque ya casi no tienes tiempo para pensar en ti mismo.
Y al día siguiente frenas en seco y gritas "¿Qué ha pasado? Si hace unas horas estaba bailando sobre los pies de mi padre, estaba jugando con mi casa de muñecas y mis Barbies le robaban el descapotable al Action Man.
¿Qué ha pasado? Si yo lo único que quería era subirme a la parte más alta del columpio de hierros amarillo con mi vestido de princesa, para tirarme gritando ¡Superman! ¿Cuándo ha cogido todo tanta velocidad? ¿Dónde está aquella muñeca que se convertía en magdalena si le levantabas la falda?¿Dónde está el señor Don Gato?¿Y los Fruitis?¿Y los Trotamúsicos? ¿Por qué sigo sabiéndome las canciones de los Pitufos maquinemos?"
Todo cambia, tan rápido que no te das cuenta del tiempo que ha pasado desde tu última sonrisa, no sabes cuándo fue la última vez que cantaste de manera inconsciente, qué sentiste en tu primer beso o que te apetecía comer hace tres días. Ya dijo Mafalda una vez: Que paren el mundo que yo me bajo. Nunca he estado tan de acuerdo como ahora. Hace menos de un mes que cumplí los 21 y aun tengo 10.
Y que si se va mi mejor amiga lejos lloraré como si fuera a luchar en la guerra, que si me rompen el corazón será como la primera vez, que si me dejas con niños pequeños jugaré como si tuviera su edad, que si volviera a ver aquel columpio amarillo que ya no existe me tiraría desde lo alto aunque me arañase las rodillas.
A día de hoy aun digo "Cuando sea mayor yo..." y pienso que hacer la croqueta en el césped es divertido. ¿Por qué entonces tenemos que cambiar? ¿Por qué tenemos que olvidarnos de nosotros mismos para convertirnos en... esto?¿Por qué no puedo tener cicatrices en las rodillas sin que me de vergüenza que me las vean? ¿Por qué si soy torpe la gente piensa que me pasa algo raro?
Yo que quise ser camarera en patines ahora no me acuerdo de cómo se patina. Yo que soñé con estudiar medicina casi me caigo redonda cuando mi padre se cortó un cacho de dedo. Yo que leía un libro sobre una niña majorette, tengo menos coordinación que un pato sin alas. ¿Cuándo fui olvidando todo? ¿Cuándo dejé de sentarme encima de la tripa de mi padre para ver la tele? ¿Cuándo dejé de pegarme con mi hermano?

¿Existe la readolescencia?

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